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SUEÑO

El sueño es imprescindible para la vida, para la recuperación de las funciones fisiológicas y para la adquisición de nuevas capacidades. La falta de sueño en los niños dificulta el proceso de aprendizaje continuo en el que están inmersos.

¿Qué es el sueño?

El sueño es un estado fisiológico activo y rítmico que aparece cada 24 horas y se alterna con el otro estado de conciencia básico, la vigilia.

Si desglosamos la definición de sueño, podemos identificar tres áreas fundamentales:

*Área fisiológica

Al hablar del sueño desde el punto de vista fisiológico debemos referirnos al descanso. Además de ser un proceso de restauración interviene en la maduración cerebral; de ahí que sea tan importante para los bebés y los niños pequeños. Dormir menos de lo habitual o pasar una noche sin dormir tiene consecuencias: mayor tensión e irritabilidad, dificultad para concentrarse y disminución de la atención. La falta de sueño influye en nuestro sistema inmunológico: bajan las defensas del organismo y se expone a enfermedades y alteraciones físicas. La memoria y el aprendizaje son otras facultades que se ven disminuidas, durante el sueño aumenta la producción de la hormona del crecimiento.

Aunque depende de las características personales, el tiempo de sueño necesario varía con la edad:

Bebé:
1 a 5 años: Preescolar: Escolar: Adolescente: Adulto: Anciano:

16 – 18 horas al día. 12 horas al día.
10 – 12 horas al día.

10 horas al día. 9 horas al día.

7 – 8 horas al día. 6 – 7 horas al día.

*Área cognitiva

Para establecer el hábito del sueño con éxito se requieren tres condiciones:
Que exista un momento, un horario de sueño.
Que sea siempre en un mismo lugar (la cuna o la cama).
Que se haga siempre de la misma manera y en el mismo orden (por ejemplo: baño, cena, juego, cuento y a dormir).

El acto de dormir influye en el aprendizaje, en la memoria y en la maduración cerebral.

*Área motora

Mientras dormimos no hay actividad física destacable, el sueño puede ser un buen momento para fomentar la autonomía en el niño.

¿Qué es dormir bien?

Dormir un número de horas suficiente para afrontar el día de forma satisfactoria. Sentirse descansado por la mañana.
No levantarse durante el sueño.
No despertarse sin causa aparente.

No tener pesadillas recurrentes.

Las pesadillas suelen aparecer a partir de los dos o tres años de edad, generalmente están relacionados con fenómenos que provocan inquietud en el niño, duran unas semanas y disminuyen a medida que aminora o desaparece el fenómeno causante de la ansiedad. Ver escenas dramáticas o traumáticas en la televisión también puede causar pesadillas.

Recomendaciones para reducir la incidencia de las pesadillas o evitar que aparezcan

Conocer las preocupaciones del niño –en el colegio, con sus amigos- y ayudarle a resolverlas. Evitar que el niño se exponga a estímulos ansiosos –películas o relatos de terror- antes de dormir.

Cuando un niño se despierta por una pesadilla, hay que acudir a tranquilizarlo y, después, salir de su habitación para permitir que vuelva a dormirse él solo.

Los terrores nocturnos se caracterizan por gritos, movimientos bruscos, sudoración y taquicardia. En la mayoría de los casos, el niño se incorpora y, aunque tenga los ojos abiertos, no se encuentra realmente despierto. Al cabo de unos instantes se duerme con tranquilidad y al despertar no recuerda el suceso. Los terrores nocturnos se deben a sueños que se producen durante las fases de sueño profundo.

Recomendaciones para reducir la incidencia de los terrores nocturnos o evitar que aparezcan

Si el niño está muy cansado a la hora de dormirse, puede aumentar la probabilidad de que aparezcan terrores nocturnos. Es conveniente acostarlo antes de que esté muy cansado.
También está comprobado que los niños con un hábito de sueño inadecuado tienen más probabilidades de sufrir terrores nocturnos que los que tienen un hábito adecuado.

Hay que hacer todo lo posible para que los niños se acuesten tranquilos y sin temores.

Recomendaciones para prevenir los trastornos del sueño

Planificar actividades relajantes durante el día, en especial antes de acostarse.
Evitar que el niño vea escenas violentas o de terror, sobre todo antes de dormir. Conocer sus preocupaciones y ayudarle a enfrentarlas y solucionarlas.
Considerar la separación nocturna como algo normal y potenciar la autonomía del niño. Enseñarle a seguir durmiendo solo cuando se despierte.

Establecer el hecho de acostarse como una rutina, con su horario y su lugar.
Conocer sus limitaciones, miedos y ansiedades para poder hacerles frente.
Marcar los límites adecuados con seguridad, firmeza y cariño: gritar no lleva a nada positivo. Reconocerle lo bien que duerme y evitar los castigos cuando no lo haga tan bien. Acompañar y enseñar al niño a dormir.

EL SUEÑO ENTRE EL PRIMER AÑO A LOS SEIS.

De uno a tres años, dos siestas

Las horas de sueño a esta edad oscilan entre 10 y 13, repartidas entre la noche y una o dos siestas diarias. Para muchos niños es un periodo de transición de las dos siestas diarias a la siesta única. Existe la creencia de que si el niño no duerme la siesta, dormirá mejor por la noche, pero si se suprime la siesta, se mostrará más cansado por la tarde y de mal humor.

Un niño muy cansado o somnoliento tiene más dificultades para conciliar el sueño. Su cerebro está preparado para dormir a una hora determinada, en torno a las ocho o nueve de la noche. Si se retrasa la hora de acostarse, es posible que le cueste más dormirse y esté más activo, lo que dificultará la conciliación del sueño.

De cuatro a seis años, la edad preescolar

Alrededor de los cuatro años de edad se puede prescindir de la siesta, pero conviene que después de comer haya un momento de tranquilidad o juego relajado.

Los niños en edad preescolar duermen entre 11 y 12 horas. Un buen horario es de ocho de la noche a ocho de la mañana.

El ritmo de vida actual impide establecer y cumplir este horario. En muchas familias mantienen despierto al niño para que lo vean los padres cuando lleguen a casa.

Hay que tener en cuenta que existe una hora en que el cerebro está preparado para el descanso.

ESTRATEGIAS PARA DORMIR

Como enseñar a dormir al niño.

  1. Establecer un sitio (la habitación del niño), una hora (las ocho y media) y una rutina (baño, cena y actividad tranquila.
  2. Elegir las cosas para dormir (muñeco, mantita, chupón).
  3. Colocar al niño en la cama con sus cosas para dormir.
  4. Despedirse en un tono tranquilo. Conviene pensar una frase clave del tipo: “Papá y mamá te

    están enseñando a dormir. Buenas noches, que duermas bien”.

  5. Salir de la habitación pase lo que pase.
  6. Si llora o arroja objetos, hay que esperar, recoger lo que haya tirado, colocarlo en su cama y

    repetirle: “Papá y mamá te están enseñando a dormir. Buenas noches, que duermas bien.

    ESPERO QUE ESTE ARTÍCULO CONTRIBUYA CON INFORMACIÓN RELEVANTE PARA EL DESARROLLO Y BIENESTAR DE SUS HIJOS.

    RECIBAN UN CORDIAL SALUDO AÍDA MORENO ARRASTIO.

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